Turín… dulce Turín
22 de Noviembre de 2011Veces que se ha leído este artículo: 231
Artículo escrito por: Abbey School CiaoItaly - Torino.
Página web de la escuela: www.ciaoitaly-turin.com
El Giandujotto, el Bicerin… son tantas las especialidades que hacen a Turín “terriblemente deliciosa”. Paseando por los bulevares de la “pequeña París” no podréis evitar disfrutar de bebidas con chocolate, pastelitos y auténticas golosinas, cuya receta se trasmite desde hace generaciones.

Símbolo internacional de la pralinería turinesa y piamontesa es el Giandujotto, un chocolate con forma de gajo, “cortado a mano” con “cuchillas”. Hecho de chocolate con leche y con la “Gentil Redonda”, avellana típica de Langhe, nace a principios del Ochocientos gracias a los experimentos con una nueva maquinaria que – amasando cacao, vainilla, agua y azúcar – permitía transformar el chocolate en tableta. Fue el primer chocolate envuelto, lleva el nombre de Gianduja, típica máscara turinesa, ya que fue puesto en el mercado de Caffarel-Prochet-Gay en 1865 en ocasión del carnaval.

Fotografia gentilmente concessa da Aros Comunicazione
La Giacometta, especialidad turinesa que toma su nombre de la compañera de Gianduja, es una crema hecha con avellanas tostadas, cacao o chocolate para fundir, azúcar, vainilla natural y leche, que se puede encontrar clara con leche o chocolate blanco, o bicolor, clara y oscura.
El chocolate es el protagonista de otras dos golosinas típicamente turinesas: el Bicerin y el Marocchino.
El primero, cuenta con famosos apasionados por él, como Alejandro Dumas, Pablo Picasso y Ernest Hemingway, que lo incluyó entre las cien cosas del mundo que salvaría, es una bebida caliente que se sirve en un bicerin (pequeño vasito en piamontés) del que deriva el nombre.
Obtenida de una receta secreta, es el resultado de una particular mezcla de cacao, café y leche entera, que se prepara al instante y cuyas proporciones cambian según el gusto. Para obtener un óptimo bicerin, la selección de las materias primas y la elaboración del cacao son las fases más delicadas, el café y la nata se siguen preparando con el antiguo método y los ingredientes se mezclan calientes y se dejan reposar durante unos minutos antes de ser servidos.
También es conocido como Bicerin de Cavour, haciendo referencia al hecho de que el gran hombre de estado subalpino, artífice de la Unidad de Italia y primer presidente del Consejo del Reino de Italia, fuera muy goloso, era reconfortante en los fríos inviernos y ayudaba al cansancio mental.

Café, un poquito de cacao en polvo, espuma de leche y un poco más de cacao: esta es la receta del Marocchino, bebida caliente que se sirve únicamente en Turín. Cuando lo ordenéis, recordad pedir un “marocchino” y no un “café marocchino” ya que deriva del famoso Bicerin.
Nace con la llegada de las máquinas modernas de café a presión, no es un simple capuchino en pequeñito con un poco de cacao añadido, sino que es un dulce, elaborado y cremoso, cuyo nombre proviene de Marocco, un tipo de piel que se usaba como felpa para el pelo, de moda en los años treinta, de color marrón claro, igual que la bebida.
Una leyenda, en cambio, narra el origen de una de las cremas más populares de la tradición turinesa y piamontesa, para beber o para degustar con cuchara: el Zabayón (o Sanbajon).
Se cuenta que fue el fraile Pascual Bailón (1540-1592), de la Tercera Orden Franciscana, que se encontraba en Turín quien la inventó por casualidad, uniendo huevo y azúcar al vino de Chipre para mejorar su sabor.
Se dice que la aconsejaba en el confesionario a sus penitentes más desconsolados para darles fuerza y vigor a sus consortes y que las mujeres turinesas, entusiastas, se intercambiaron y aconsejaron la receta para beneficiarse del milagro del Santo, cuyo nombre, en dialecto turinés, fue rápidamente abreviado a San
Bajon (o=u). Así nace en Turín el Sanbajon, que después de italianizaría en Zabaione o Zabaglione.
Santificado en 1680 por el Papa Alejandro VIII, desde 1722 San Pascual Bailón es el Santo protector de todos los cocineros del mundo. Su fiesta se celebra el 17 de mayo y es venerado en Turín en la iglesia de Santo Tomás que se haya en la calle Pietro Micca. Un retrato suyo está situado en el coro de la Iglesia del Monte de los Capuchinos en Turín.
El Sabayón, orgullo de la pastelería turinesa es un ingrediente de algunos tipos de petisúes, ha traspasado las fronteras saboyanas y se ha hecho famoso en todo el mundo. En los años cincuenta, en Italia dio origen a célebres licores, como el Vov y el Zabov.
Los últimos, pero no por exquisitez, son los caramelos de Turín. No todo el mundo sabe que la palabra “caramella” (caramelo) es un exquisito regalo piamontés al italiano (si hubiera prevalecido el Toscano, hoy diríamos “pasticca” (pastilla), de pastelería).
Antiguamente bastoncitos de azúcar de caña llamados en latín canna mellis, bastoncito de miel, de donde deriva la palabra española caramelo, italianizada caramella, a partir de la mitad del Ochocientos en Turín se pone a punto su elaboración, convirtiéndose con el nacimiento de la industria en un producto de gran consumo.
Típicamente turinesas son las pastillas multicolores de azúcar planas y quebradizas, de gustos tan variados como menta, vainilla, frambuesa, clavo, canela, ratafía y grosella, que se obtienen mezclándolos en frío con azúcar en polvo.
Turinesa es también la piruleta (lecca-lecca), plana y redonda, sostenida por un palo, normalmente con forma hexagonal, también llamada Gianduja por la máscara que se representaba en el papel que la envolvía cuando se anunciaba el carnaval.
Todavía hoy se dice “Caramelle di Torino” ( Caramelos de Turín) para decir que un producto es resultado de la experiencia de varias generaciones.









